martes, 31 de marzo de 2015

Errores comunes a la hora de fijarse metas.



Son muchas las personas que se ponen una serie de metas personales para así comenzar su nueva temporada de trabajo, estudios u ocio de la mejor manera posible. Ponerse a hacer ejercicio, dejar de fumar, aprender idiomas… Hay un sinfín de actividades que seguro que tanto a corto como a largo plazo pueden ser beneficiosos para nuestra salud física y mental.

En muchas ocasiones no hacemos ni la mitad de lo que nos hemos propuesto, provocando cierto sentimiento de decepción y baja de autoestima por no haber alcanzado nuestros objetivos. ¿Y tú? ¿Quieres conseguir tus metas a través de unos sencillos pasos? Pues no pierdas de vista estas líneas.

Objetivos demasiado específicos
Imagina que quieres ponerte a hacer ejercicio, pero antes de ponerte a practicarlo ya estás pensando cómo, dónde, cuándo y cuánto harás. ¿No crees que esto te va a agobiar a la larga y provocará que lo dejes de lado? Está bien que te pongas objetivos, pero mejor que no sean tan específicos. Cuando llegue el momento, ya irás viendo cómo se desarrolla la situación. Es decir, ponte metas más vagas o abstractas, y así cuando llegue el momento podrás lidiar con ellas de mejor manera.

Lo queremos abarcar todo
¿A que cuando llega ese temido uno de septiembre te entra un estrés bestial con todo lo que se te viene encima? Pues tranquilo, es normal que tengas que lidiar con todo tipo de frentes. Por ello, se antoja importante que trates aquellos que son de más fácil consecución para después dar paso a los que se antojan más difíciles. También, no estaría de más que te pongas un número específico de objetivos para así organizarte mejor y tratar con todo lo que se te viene encima de manera más eficiente.

Demasiadas metas a corto plazo
Cuando ya nos hemos decidido finalmente a realizar lo que nos hemos propuesto, es normal que elijamos en primer lugar lo más sencillo. Sin embargo, también hay que tener cierto esfuerzo y dedicación para realizar aquellos que son de más difícil consecución. Y es que si hacemos lo contrario, tarde o temprano caeremos en la desidia y la vagancia. Para evitar esto, ve intercalando entre objetivos primordiales y otros más a largo plazo para que así te dé tiempo a hacer de todo.


Cuanto más mejor
En muchas ocasiones, para causar buena impresión en el trabajo, ganar más dinero, o simplemente a hacer más felices a los demás, nos ponemos una cantidad de objetivos que en realidad son demasiados para el día a día. ¿Y qué pasa con esto? Pues que finalmente no consigamos muchos de ellos, o simplemente los hagamos mal, cayendo de nuevo en la decepción personal.

Por esta razón, es mejor “la calidad que la cantidad” ya que primero lidiarás con aquello que realmente es relevante, para después dar paso a otras metas de segundo nivel. De esta forma conseguirás lidiar con todo de una forma eficiente, y sobre todo sin apenas estrés.

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